El banco.

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“Me estoy acostumbrando a las bienvenidas y los adioses, como si cualquier separación no fuera jamás ausencia, y las llegadas ocurrieran sin apegos. Ya no hay llanto en los ojos de los pies que sonríen al camino, ni raíces que se aferran a la tierra”. Giselle Lopez.

Hoy me he quedado sentada en el banco, mirando las hojas caer.

La vida en hojas otoñales se dispersa por el suelo.

Y yo en mi banco escondido, en ese rincón de mi alma donde me suelo perder.

Yo apenas. Yo sin fuerzas. Respirando lejanías y canciones del ayer.

Si pasaras no me reconocerías. Si pasaras ni te llamaría. Tomaría una foto de tu silueta distante, de tu alegría inocente, de tus abriles danzantes.

Y no se porque te espero, si tu, la de antes, ya no vienes por aquí.

Sin embargo hay días como este. Como tantos.

Donde me siento a pensarte. A extrañarte.

Porque te echo de menos, a ti, la de antes.

Y no me averguenza, no siento culpa.

Solo que ahora, el otoño duele bastante.

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El último vagón. ( cuatro años después ).

 

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“Why didn’t I learn to treat everything like it was the last time.

My greatest regret was how much I believed in the future.”

Jonathan Safran Foer (Extremely Loud and Incredibly Close).

Te escribo desde el último vagón del tren.

No me preguntes como fue que llegue hasta aquí, porque no lo se.

Supongo que al irse llenando los otros vagones, me fui corriendo en busca de tranquilidad.

Y di tumbos por toda esa larga hilera de pasillos y asientos, al compás del movimiento del tren,chocando de vez en cuando con algún pasajero en el camino.

Finalmente aquí estoy.

Y sola.

Cansada.

Espantando los dolores y las sombras que me acosan.

Te confieso que, a veces tengo miedo de no volver a vivir.

Algo ha pasado en mi mente, con mi alma, una rotura tan honda, que como bien dicen…ni como ayudarme.

Es como si dentro de mí se hubiera abierto un abismo, yo de un lado y la vida del otro…y no hay puente.

Lo peor de todo, es que veo pasar los dias como en un sueño, como en una bruma sin memoria llena de desconsuelo.

Me da miedo, porque a la vez observo como va pasando.

¿Entiendes?. La vida…mi vida va pasando y yo no estoy en ella.

Ya perdí la cuenta de las estaciones que he pasado.

Ninguna es la mía.

De hecho, creo que olvidé para donde va este tren.

Bueno, a veces la vida simplemente no llega a ningún lugar, solo corre por una línea perdida.

Te escribo desde el último vagón del tren.

Donde han quedado las maletas perdidas que nadie reclamó.

Donde viajan los ilegales y los que no tienen pasaje.

Donde están todos los que no encontraron asiento en el resto del tren.

Donde parece que la tarde nunca acaba y el silencio es la compañía que nos abraza.

Quizá algún dia salte del tren.

Y aterrizaré con sangre en la tierra mia, para fundirme entre semillas y manantiales ocultos.

Acaso entonces desde la tierra pueda ver la vida de nuevo.

Acaso…

Y del último vagón solo quedará el humo en el horizonte, y todos los tiempos y estaciones pasadas serán un recuerdo vago bajo el cielo azul que abrazará mi tierra.

Entonces el viaje habrá terminado.

Seré sin luchar ni fingir desde la tierra limpia.

Y a lo mejor…..algún dia alguien escriba sobre el último vagón.