Do…Re…Mi.


Do: primera nota, primer recuerdo, primeros ojos abiertos en la madrugada.

Re: corro un poquito, el campo es tierno, hay tanta luz y color en mis respiros.

Mi: leo si parar, el mundo es grande, y se de memoria la pizarra vacía de los viernes.

Fa: no me gusta este mundo apretado, no me gusta ver a mamá llorando, no me gustan los miedos.

Sol: me encontrado huyendo, y sintiendo sin sentir, cobijada en la noches de secretos con el techo.

La: soy pobre, ya lo aprendí, pero no necesito mucho para pasear por la vieja terminal de trenes.

Si: hay cosas que nunca tendré, estaciones que se pasan, y aprendo a orar mientras descubro mi canto.

Vida de notas desafinadas. Cada espacio en el pentagrama guarda miles de abrazos.

Sigo entonando rimas,  con un nudo en la garganta.

Sigo esperando con esta pieza en las manos.

Maestro, si acaso la orquesta quisiera tocarla, si acaso suben las notas bailando con el ocaso.

Yo agradecida le aplaudo. 

Do Re Mi….mi vida la están tocando.

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A la medianoche.

 

 

 

 

 

 

 

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“Ha pasado que historia
se convierte en palabras, ha pasado que el mundo
se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.”
Silvio Rodriguez.

Para Raul Perdomo.

 

A la medianoche te contaría una historia.

Aquella historia de cuando la luna dejó de mirar el sol

y entonces nació la soledad.

También te colaría café, y esperaria a que las estrellas
se desnuden poco a poco para enseñarte
que están en hechas de pedacitos de coco.

Porque quien no conoce el desvelo
no ha visto nada, no tiene historia, no tiene espejo.

Y podremos conversar largamente,
y sentir que las palabras se nos hacen
un diluvio de emociones.

La vida se nos ha escurrido como
en un reloj de arena.

Y a veces nos abrazamos nosotros mismos
junto a la almohada mientras lloramos.

(Padre nuestro que estás en los cielos…)

Y soñamos otras vidas, otros mundos,

soñamos que soñamos y luego

esa agonia extraña de abrir los ojos.

Y el sabernos tan frágiles, vulnerables,
frente a un mar encrespado y silencioso.

Hemos dado tanto, y aquí estamos,
separados por esta distancia enorme,
sabiendonos dolidos e impotentes.

Adonde iremos a parar?…
Con estas almas tan complejas,
como telarañas de desván antiguo.

Yo te entiendo.

Yo te siento.

No entres al mar, quedate aquí conmigo,
yo también a veces quiero entrar con desespero.
Entierra tus pies en la arena y resiste las olas.

(El pan nuestro de cada dia, danoslo hoy, no nos metas en tentación, más libranos del mal…)

Yo no estoy allá y tu no estás aquí.
Sin embargo la noche nos cobija,
yo sé que el miedo es grande,
pero piensa en que nos encontramos.

Y que es medianoche, y yo te cuento una historia.

Donde el sol se pone.

 

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Al atardecer iré
con mi cántaro azul al río,
para recoger la última
sombra del paisaje mío.

Dulce Maria Loynaz.

El sol que se va, triste sol que parte solo con esos colores ardientes.

Siempre estaré aquí, donde se pone el sol.

El atardecer hace tiempo me hizo suya.

Prisionera de la melancolía y la poesia que nadie escribe a esta hora.

Yo volaré algún dia donde el horizonte no duela.

Yo llegaré más allá del atardecer.

Donde la calma de lo infinito me hará dormir.

Siempre, siempre.

La luz del sol me abraza cuando se va.

Y se lleva un poco de mis fuerzas.

Y me deja una de esas tristezas.

Tristeza pura y sin adornos.

Más alla de todo lo escondido.

Donde el llanto es como el rocio de la mañana.

Donde alguien me abraze en silencio.

Siempre, siempre.

Al atardecer la vida se me encoge.

Y yo busco y busco como estar bien.

Los rincones sin luz y las memorias sombrías me persiguen.

No tengo donde esconderme.

No me dejes Dios mio.

Soy como una hoja seca flotando en el lago.

Siempre, siempre.

Donde el sol se pone.