Como yo a ti.

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Como yo a ti.

En mi orilla
Justo a mi lado
Tan cerca que te siento tanto
Me pregunto si me sientes como yo a ti.

Sigo mirando las olas que me salpican
Risueñas desde hace un milenio
Y el sol es tan suave
Suave atardecer con tu aroma
Sin dolor
Hace un milenio
Y me pregunto si me sientes como yo a ti.

Estoy un poco perdida
De repente soy alguien vivo
Que se trata de entender
Soy muchas canciones
Y sigo teniendo temores
Pero de repente soy alguien vivo.

Y estoy descalza con
Los pies llenos de arena
Y tu aquí a mi lado
Mirándome con ese amorcito enorme
Sujetando mis manos pequeñas
Y tus ojos que han visto todo lo mío
Ay, me pregunto si me sientes como yo a ti.

Foto Diaria. Día 9. Que andas haciendo.

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“You are told a lot about your education, but some beautiful,

sacred memory, preserved since childhood,

is perhaps the best education of all.”

Fyodor Dostoyevsky.

Muy mal, ya se, me salté el post de ayer. Pasa que hice un poquín de cosas, que para la mayoría de la gente serían boberias, pero para mi fue el dichoso niagara en bicicleta. Cuando llegó la noche estaba más apagada que la isla de Cuba en apagón regular. Mis disculpas.

Pues resulta que hoy también hice otro poquín de cosas, entre ellas despertarme, tratar de mantenerme despierta, terminar fotos, ir a hacer otras fotos, controlar un ataque de pánico mientras manejaba, hacer las fotos….etc. De regreso en la noche me senté en el lago. Ya sé, muy solo y obscuro. Da igual. Yo andaba sola, y medio obscura. Era lo mismo. No se veía casi nada, pero si se podía sentir el aire fresco cerquita. La tranquilidad del agua enigmatica, calmada, azul-negro, negro-azul. Me provocaba entrar. Oh, como me provocó entrar.

Pero me fuí. Y necesitaba café. Así que pasé por una casa donde yo se que siempre hay una taza de café para mi. Entre una cosa y otra mi sobrinita me pidió jugar con ella. Y sacó su caja de legos. Y que me tiro en en suelo con ella para armar el mercadito con “pagador” como dice ella y toda la cosa.

Por unos minutos volví a mi niñez. Armando rompecabezas o trencitos rusos. O haciendo muebles de sala con cajas de fósforos forradas en papel. O una casita que hicimos una vez afuera de nuestra casa del campo, allá justo abajo de la gran ceiba donde estaba el columpio de madera. La hicimos a base de barro y palitos secos, hasta tenía techo. Parecía un castillo. Ya se….pero recuerden que en aquella época yo no sabía que existía Disney y las princesas y todas esas cosas bonitas y perfectas. Esa tarde llovió como cosa loca. Y la casita sobrevivió. Aquellos palitos eran duros de pelar. Esa no fué la única casita que hice. Siempre había casitas que construir. Con cajas de tomate. Con latas viejas. Abajo del sillón. En cualquier lugar. La verdad que uno puede construir una casita en cualquier lado. Solo hacen falta ganas. Y un par de manos.

Pero bueno, de brusco volví a la realidad ya que entre mi sobrinita y yo hubo un desacuerdo algo chistoso y ella decidió que era hora de armar aviones. Y yo que era hora de irme pues mi bateria ya estaba dando señales de estarse acabando.

Y eso fué lo que hice hoy.

Ahora son las 9:56 PM y ya comienza el pecho su ruta tormentosa. Estoy sola en casa y hay restos de comida cubana por toda la cocina.

Quizá sea hora de colar café y abrigarme los pies, que ya pela el frio.

Abrazos hasta donde estes. Quien quiera que seas….yo se lo que se siente.