Nadie me las quita.

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Me he sentado a ver caer la tarde, me gusta atrapar ese momento que no es ni noche ni día, cuando el sol cansado derrama colores nostálgicos. Hoy el invierno ha huido no se adonde y por un momento sentí que no vivía en este norte frío.

Leo los días vividos, los callados momentos de soledad y oración, las preguntas y los desastres, las risas y los golpes.

Alguien me da dicho que extraña a la persona que era hace un tiempo atrás. Ciertamente ha habido cambios, probablemente los siga habiendo en los tiempos que siguen. Algunos han sido drásticos, otros mas suaves, sin embargo sigo siendo yo. Hay cosas que yo misma extraño, o digamos que todavía no me acostumbro a estar sin ellas, pero veo que todo este desprendimiento me ha dejado mas espacio para poder verme tal cual soy, para poder mirar mis desiertos y bosques con calma.

No siento emoción o expectación a lo que este por venir, mentiría si dijera eso. Las épocas de euforia han pasado, los días apasionados y de correr de un lado a otro se han ido y no se si volverán.

Un día a la vez y la vez un día. Vivir en medio de este mundo caótico con una enfermedad mental ya de por si es una batalla.

Te garantizo la sonrisa de hoy, pero no puedo prometerte la de mañana. Cada día tiene su propio mal y al final, no hay nada nuevo bajo el sol.

Y es que el trabajo de construir esperanzas solo no pesa cuando se miran esas otras esperanzas ciertas como cielo.

Esas, esas nadie me las quita.

Prometo tratar.

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La verdad es que haber escrito dos entradas en el blog este año, es imperdonable. No es que el blog se queje…es que está llorando el pobre.

Prometo tratar.

Para mi la vida se trata de tratar. No rendirse. Luchar. Y volver a empezar las veces que sean necesarias. Eso lo he aprendido a fuego y dolor en los últimos siete años.

Y bueno, reconocer también que la vida se escribe sola. Basta para leerla mirar un atardecer, abrazar a alguien, mirarte en el espejo. Siempre cultivando el hábito de leer, y si eso incluye encontrar un párrafo o un poema en la vida diaria y lo inesperado, pues por que no abrir mas los ojos del alma y leer la vida?.

Nos leemos y escribimos a la misma vez mis amigos.

Les mando un abrazo y espero curar la tristeza del blog.

Hijos del dolor.

Somos hijos del dolor.

De un atardecer sangrante y de un grito desgarrador.

Hijos del desamparo y la soledad.

Y nos hemos olvidado. Nos hemos olvidado tanto que ya los pobres y adoloridos del cuerpo y del alma no tienen espacio entre nosotros.

Hemos construido Torres de Babel a las que llamamos templos y solo pensamos en lo grandes y fuertes que somos.

Nos hemos olvidado del dolor. De aquel que llora. Del que con pena sin nombre pasa frío en esquinas invisibles.

Somos hijos del espanto.

De la negación.

De un gallo que tres veces cantó.

Del vinagre.

Del abandono.

Y de alguna manera nos hemos inventado un cuento que vendemos cual mercaderes en busca de dinero. Nos hemos creado una fantasía en la cual no cabe la realidad. Estamos más aferrados a esta tierra que una raíz milenaria.

La Esperanza nació del dolor. Del mas negro y punzante dolor. La Vida con dolor nos trajo Vida.

Dejemos los atajos inútiles y démosle paso al Consuelo para que habite entre nosotros.

Somos hijos de aquel día.

Somos hijos del dolor.