Azul (tratando de encontrar palabras).

33485739131_9ba9cd0219_o

Tan alto

En el azul inmenso 

Metida dentro de las nubes 

Y rodeada de nostalgias y sueños atrapados en el tiempo de la espera

Llegadas

Partidas

Siempre abrazos 

Siempre lágrimas 

Tanto amor llendo y viniendo

Que las maletas van dejando  un aroma de sentimientos confusos 

Si pudiera decir 

Si tan solo pudiera esbozar los miles de latidos y palabras que viven sepultadas en el silencio de las separaciones

Aqui arriba de repente no sé para donde voy

Llego

Me voy

Regreso

Y estas alturas blancas

Qué por momentos susurran mi nombre

No lloro

Pero el corazón se me estruja tan fuerte por raticos

Y yo sigo tratando de encontrar palabras

Foto Diaria. Día 4. Blanco y Negro.

IMG_4295 (1024x768)

“There is a place where the sidewalk ends
And before the street begins,

And there the grass grows soft and white…

And there the sun burns crimson bright,
And there the moon-bird rests from his flight
To cool in the peppermind wind.”
Shel Silverstein.

La  mayoría de las fotos de mi niñez y adolescencia son en blanco y negro. Creo que en parte de ahí proviene que me guste tanto editar fotos en blaco y negro. Simple. Enfocado. Las fotografías en blanco y negro lo dicen todo sin tener mucho. Y eso me encanta. Al igual que esta foto.

Ahí estamos mi hermana y yo junto a nuestros abuelos. Mi hermana (a la izquierda) cumplía un año y yo (a la derecha) cumplía dos. Es una de las pocas fotos donde aparecemos con nuestro abuelito Raul. Pocos meses después de esa foto, comenzó su terrible camino con el cancer que lo llevó a la muerte casi dos años después.

Mis recuerdos de el son en blanco y negro, por decirlo de alguna manera. Son muy pocos, pero nítidos, y ciertamente carecen de color, pues mi memoria era aún muy tierna como para clasificar colores. Abuelito Raul era un campesino, inteligente, amoroso, hombre de tierra y de trabajo. Le gustaba el café, mucho que le gustaba si señor!. Cuenta mi mamá que cuando yo tenía apenas cuatro meses y jugaba en un corral de madera casi todo el dia, abuelito Raul pasaba a la hora del café y con su dedo grandote mojaba mis labios del café de su taza…”pa’ que fuera aprendiendo”. Y yo sonreia, porque aquello sabía a vida y amor. De más está decir….aprendí muy bien el arte del café.

Entonces abuelito Raul murío una madrugada de Marzo. Y la vida de mi abuelita quedo para siempre en blanco y negro. Yo que tanto la acompañé, siempre ví aquella sombra melancólica en su andar. Cuando apretaba mi mano, cuando dormía a su lado en las noches y me contaba cuentos con su voz nostalgíca y cansada. Ahí siempre estaba su tristeza callada. En blanco y negro.

A veces la vida es en blanco y negro por lo simple que puede ser. O por lo dolorosa. O por lo solitaria.O por lo compleja. O porque los colores ya no son colores sino ideas, recuerdos del pasado. Y siempre hay ese lugar, escondido en una foto como esta, donde se quedó un trozo inmenso de tu vida, de tu historia. Y en ese lugar, aunque sin colores, todo es bello, inocente, blanco y negro como un cielo lleno de estrellas brillantes.

Blanco y negro como los sueños tranquilos. Como el cabello negro de abuelita reposando en una almohada blanca. Como las púpilas dilatadas de un insomne. Como la vida que fue pasando y se escurrió entre hojas blancas y lineas negras, haciendo un libro que nunca acaba.

Blanco y negro como todo lo que está en esta foto, que añoro, extraño y abrazo con las alas caídas de mi alma.