Sueño de mar.

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El mar se me enredó en el cuerpo, y la espuma blanca acarició mi piel sin sueño.

He llorado sin saber, he llorado sin querer…

La sal se metió en mis poros, sal de vida azul.

Mi mar se enoja y se calma vez tras vez, tanta roca me hace daño, los recuerdos y los años se mezclan con los naufragios.

Respiro el mar, y me amarro esta tristeza, esta despedida eterna del deseo que no fue.

La distancia entre mis olas se ha hecho letra de coral.

Adonde voy?….Donde he estado?…

Soy ola inquieta, sueño de mar.

Lágrimas. (2007)

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(Escrito en el 2007)

Cada ser humano en su interior tiene un mar. 

Un mar que puede estar en la más profunda calma, que puede reposar sereno y en paz, embelleciendo el paisaje que lo rodea. También puede ser un mar furioso, negro y traicionero, lleno de tormentas y olas gigantescas que ahogan y hunden sin compasión. Un mar en cuyo fondo pueden descubrirse los tesoros mas impensables y las bellezas poco comunes que nacen de la soledad y el silencio. Donde yacen enterrados barcos y veleros, restos olvidados de historias y sueños náufragos de batallas perdidas. Mar que amanece y anochece con canciones desconocidas, que puede pintar romances de luna y estrellas en las noches de tristeza. Mar interior, a cuya orilla llegan todos. Algunos se sientan y contemplan de lejos, otros nadan y disfrutan pero sin adentrarse mucho, unos pocos navegan confiados mar adentro, amigos conocedores de la marea. Pero solo un corazón es capaz de sumergirse completamente en cada mar, de conocer sus profundidades y hacerse cómplice de sus secretos, de amar cada gota azul del alma, todo mar tiene su marinero… 

Mar que empieza y termina en su creador, en la poesía infinita de la eternidad. Algunas veces, ese mar se encrespa, se revuelve presionado y cautivo de sus limitadas orillas, y es ahí cuando, sin encontrar otra salida para sacar el dolor, el mar se escapa por los ojos…y se escurre a poquitos y se escurre a raudales…el mar se va en las lágrimas, sin su azul pero llevándose un poco de sal todavía 

Finalmente, las lágrimas son esencia de nuestro propio mar, lanzadas hacia afuera por la turbulencia de las emociones.