Hogar es igual a Hogar.

El lugar que amamos, ése es nuestro hogar; un hogar que nuestros pies pueden abandonar, pero no nuestros corazones.

Oliver Wendel Holmes.

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Cuando le cuento a la gente que estuve un año y casi ocho meses en Cuba, casi todo el mundo lo encuentra difícil de creer. Es entendible. La gran mayoría de los cubanos que residen aquí en Estados Unidos solo van de visita por un par de semanas, no mucho más. Recuerdo que aquel 18 de Marzo del 2014 mientras esperaba en Miami para tomar mi vuelo a la Habana, alguien me preguntó que cuando regresaba, le dije que no tenia idea, todavía me da risa el “tu estaj loca mija”.

Y si, muchos piensan que si, que fue una locura vender mis pocas cosas y dejar mi casa, mis padres y mi hermana, el país de la internet, la libertad y la comida rápida, fue una super mega locura. No se. Llámese locura. Llámese aventura. Lo volvería a hacer. ¿De que te sirve una vida donde no sigues el llamado del corazón aunque sea una vez en la vida y te lanzas sin paracaídas?.

No sabía todas las cosas que me esperaban, pero tenía certeza de una cosa y esa era suficiente, Dios estaba conmigo. Ojo…no estoy diciendo que Dios me dijo que me fuera. Pero la presencia y la compañía de El se hizo presente y más que evidente no solo cada día, sino en eventos únicos y que nunca olvidaré.

Me fui en una búsqueda personal de piezas perdidas de mi alma, esas que se pierden con los naufragios de las separaciones y los fríos del exilio. También con muchas ideas y planes. Logré realizar algunos, otros no. Puertas nuevas se abrieron. Otras se cerraron. Descubrí padecimientos de salud que aquí en Estados Unidos jamás habría podido descubrir debido al arroz con mango del problema de la salud. Me sometí a una cirugía complicada, me caí por una escalera tratando de salvar un vaso con mermelada de guayaba, pasé noches de apagón haciendo cuentos y cantando a la luz de una velita. Recogí unas 300 tendederas de ropa, cargué unos 500 cubos de agua, aprendí a vivir sin Facebook y sin Internet, a retozar por el barrio gritando saludos y bromas. Me reí mucho. Lloré otros muchos. Me acostumbre a hablar con la gente cara a cara de nuevo, a saber lo que piensan y a decirnos las cosas como son, a lo cubano ,con la sinceridad natural que surge de un mundo donde la tecnología todavía no ha hecho el daño irreversible en las relaciones interpersonales. Abrazé y fui abrazada. Discutí en debates pasionales y pasé horas escuchando confesiones e inquietudes de quienes menos pensaba. Y como ustedes sabrán…tomé mucho café!.

Faltarían palabras y fotos para ilustrar este año y ocho meses que pasé con mi familia en Cuba, con los amigos y hermanos, con abuelita, con mis tíos y tías, primos y primas, con tanta gente que se abrieron camino hasta mi corazón para quedarse. Pero hay una palabra que siento resume todo: Hogar.

Y el 27 de Noviembre del 2015, cuando después de 10 largas horas de espera entre vuelos atrasados y largas filas, cuando finalmente salí por las puertas del aeropuerto de Miami, ahí estaban, mis tres guerreros, gritándome una porra a todo lo cubano, mi mamá, mi papá y mi hermana, con abrazos y lagrimas y muchas sonrisas de bienvenida. Ahí estaba la casa de Teresita esperándome, nuestra Teresita, amiga y familia de tantos años e historias. Con mas abrazos y risas. Después un viaje largo hasta Charlotte, y llegar a mi casita, esa que es la segunda cuando doblas al final de la calle. El aroma del amor y la familia. Y otra vez, vuelve la palabra que lo resume todo: Hogar.

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Así que el resumen mis amigos es que soy una persona bendecida y millonaria. Presumo mi condición de buscadora incansable, de cafetera irremediable y de poeta aficionada. Colecciono momentos, abrazos, palabras, gritos, llantos, atardeceres, olas del mar, y vientos de octubre. Mi vida son las fotos que llevo en los ojos insomnes de mi alma.

Dios me permitió aprender mucho de todo esto. El amor, la familia y los amigos, son las mejores y mas valiosas posesiones que se pueden tener. Lo demás va y viene y es vanal. Y termino con las sabias palabras de mi amigo El Principito:

“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”

De jardinería y los amigos.

 

 

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Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca. 

José Martí.

 

 

 

Ahora mismo te podría empezar a cantar la canción de Laura Pausini:…”la amistad es algo, que atraviesa el alma, es un sentimiento, que no se te va…”. Pero voy a terminar llorando, y te cuento que ya tuve mi dosis hoy.

Este poema de José Martí fue uno de los primeros que aprendí de niña. Para los que no lo conocen, José Martí es uno de los grandes prodigios literarios de Cuba, y me atrevo a decir de nuestra America. Las letras de Martí son amplias, simples, bellas, llenas de ideales y sentimientos hermosos, incluso sus tratados políticos son una delicia.

En estos últimos meses me ha tocado aprender de amistades de forma bastante huracanada. Cosas de la vida. Uno siempre tiene que estar aprendiendo. A las buenas o a las malas. Todos cometemos errores, todos herimos sin darnos cuenta y al final, todos amamos. Porque el amor es lo que nos hace grandes, el amor es lo que nos hace humanos.

Y no es facil amar. En todo el sentido de la palabra. Desde amarse uno mismo, hasta amar a tu familia, tus amigos, tus hermanos en la fe, amar la vida misma es un reto grande.

Cuando se ama se sufre, no hay remedio. Porque somos seres humanos, vulnerables, almas expuestas a nuestros propios sentimientos y a los de los demas.

Y esto de la amistad es un camino largo. Y la verdad es que nadie tiene la última palabra, la fórmula perfecta para que las amistades funcionen a la perfección no existe. Existimos nosotros, amigos imperfectos que tratamos de hacer lo que podemos para que las cosas salgan lo mejor que puedan. Y aun así…a veces lo mejor no es suficiente.

Tenemos expectaciones que no se cumplen. Otros esperan de nosotros igualmente cosas que no damos. Nos decepcionamos. Nos herimos. Y cuando vamos a ver nos encontramos separados por abismos de prejuicios y malos entendidos, juzgamos, nos juzgan, y por un laberinto sin salida se va perdiendo la amistad.

Y la pregunta es: ¿cómo ser amigo?…¿cómo ser un buen amigo?…

Yo no tengo la respuesta. Pero pienso que la clave está en cultivar esa rosa blanca. No dejarla morir por el frio de la soledad ni permitir que se ahogue de calor en el verano.

Cultivar la rosa blanca. Y nada más. No cardos, ni ortigas. Una rosa blanca cuidada a pesar de todo. Es todo lo que puedo ofrecer. La rosa va a tener espinas, pero seguirá siendo una hermosa rosa blanca.

Tenemos que creer que nuestra rosa es valiosa, que es única. Nadie tiene derecho a cortarla ni pisotearla. Pero tampoco debemos de presumir de un jardín exclusivo y de alcurnia. Seamos realistas. Es solo una rosa blanca. Pero es tu rosa y solo tu tienes las manos adecuadas para cultivarla y ofrecerla con humildad.

Hoy tengo mi rosa blanca, mi amistad imperfecta y humana. Pero con el compromiso de cultivar, de ser jardinera de todo lo que puedo dar. Es lo que tengo. Para ti. Para los que están. Para los que se han ido. Para los que llegarán y para todo el que con mano franca quiera acercarse.

Tiene espinas, y probablemente tenga un raro aroma a café. Pero yo la cultivo con mi mejor esfuerzo, con mis manos pequeñas y con mis ganas de seguir adelante. No esperes más ni menos.

He aquí mi rosa blanca.