El banco.

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“Me estoy acostumbrando a las bienvenidas y los adioses, como si cualquier separación no fuera jamás ausencia, y las llegadas ocurrieran sin apegos. Ya no hay llanto en los ojos de los pies que sonríen al camino, ni raíces que se aferran a la tierra”. Giselle Lopez.

Hoy me he quedado sentada en el banco, mirando las hojas caer.

La vida en hojas otoñales se dispersa por el suelo.

Y yo en mi banco escondido, en ese rincón de mi alma donde me suelo perder.

Yo apenas. Yo sin fuerzas. Respirando lejanías y canciones del ayer.

Si pasaras no me reconocerías. Si pasaras ni te llamaría. Tomaría una foto de tu silueta distante, de tu alegría inocente, de tus abriles danzantes.

Y no se porque te espero, si tu, la de antes, ya no vienes por aquí.

Sin embargo hay días como este. Como tantos.

Donde me siento a pensarte. A extrañarte.

Porque te echo de menos, a ti, la de antes.

Y no me averguenza, no siento culpa.

Solo que ahora, el otoño duele bastante.

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De jardinería y los amigos.

 

 

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Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca. 

José Martí.

 

 

 

Ahora mismo te podría empezar a cantar la canción de Laura Pausini:…”la amistad es algo, que atraviesa el alma, es un sentimiento, que no se te va…”. Pero voy a terminar llorando, y te cuento que ya tuve mi dosis hoy.

Este poema de José Martí fue uno de los primeros que aprendí de niña. Para los que no lo conocen, José Martí es uno de los grandes prodigios literarios de Cuba, y me atrevo a decir de nuestra America. Las letras de Martí son amplias, simples, bellas, llenas de ideales y sentimientos hermosos, incluso sus tratados políticos son una delicia.

En estos últimos meses me ha tocado aprender de amistades de forma bastante huracanada. Cosas de la vida. Uno siempre tiene que estar aprendiendo. A las buenas o a las malas. Todos cometemos errores, todos herimos sin darnos cuenta y al final, todos amamos. Porque el amor es lo que nos hace grandes, el amor es lo que nos hace humanos.

Y no es facil amar. En todo el sentido de la palabra. Desde amarse uno mismo, hasta amar a tu familia, tus amigos, tus hermanos en la fe, amar la vida misma es un reto grande.

Cuando se ama se sufre, no hay remedio. Porque somos seres humanos, vulnerables, almas expuestas a nuestros propios sentimientos y a los de los demas.

Y esto de la amistad es un camino largo. Y la verdad es que nadie tiene la última palabra, la fórmula perfecta para que las amistades funcionen a la perfección no existe. Existimos nosotros, amigos imperfectos que tratamos de hacer lo que podemos para que las cosas salgan lo mejor que puedan. Y aun así…a veces lo mejor no es suficiente.

Tenemos expectaciones que no se cumplen. Otros esperan de nosotros igualmente cosas que no damos. Nos decepcionamos. Nos herimos. Y cuando vamos a ver nos encontramos separados por abismos de prejuicios y malos entendidos, juzgamos, nos juzgan, y por un laberinto sin salida se va perdiendo la amistad.

Y la pregunta es: ¿cómo ser amigo?…¿cómo ser un buen amigo?…

Yo no tengo la respuesta. Pero pienso que la clave está en cultivar esa rosa blanca. No dejarla morir por el frio de la soledad ni permitir que se ahogue de calor en el verano.

Cultivar la rosa blanca. Y nada más. No cardos, ni ortigas. Una rosa blanca cuidada a pesar de todo. Es todo lo que puedo ofrecer. La rosa va a tener espinas, pero seguirá siendo una hermosa rosa blanca.

Tenemos que creer que nuestra rosa es valiosa, que es única. Nadie tiene derecho a cortarla ni pisotearla. Pero tampoco debemos de presumir de un jardín exclusivo y de alcurnia. Seamos realistas. Es solo una rosa blanca. Pero es tu rosa y solo tu tienes las manos adecuadas para cultivarla y ofrecerla con humildad.

Hoy tengo mi rosa blanca, mi amistad imperfecta y humana. Pero con el compromiso de cultivar, de ser jardinera de todo lo que puedo dar. Es lo que tengo. Para ti. Para los que están. Para los que se han ido. Para los que llegarán y para todo el que con mano franca quiera acercarse.

Tiene espinas, y probablemente tenga un raro aroma a café. Pero yo la cultivo con mi mejor esfuerzo, con mis manos pequeñas y con mis ganas de seguir adelante. No esperes más ni menos.

He aquí mi rosa blanca.