El banco.

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“Me estoy acostumbrando a las bienvenidas y los adioses, como si cualquier separación no fuera jamás ausencia, y las llegadas ocurrieran sin apegos. Ya no hay llanto en los ojos de los pies que sonríen al camino, ni raíces que se aferran a la tierra”. Giselle Lopez.

Hoy me he quedado sentada en el banco, mirando las hojas caer.

La vida en hojas otoñales se dispersa por el suelo.

Y yo en mi banco escondido, en ese rincón de mi alma donde me suelo perder.

Yo apenas. Yo sin fuerzas. Respirando lejanías y canciones del ayer.

Si pasaras no me reconocerías. Si pasaras ni te llamaría. Tomaría una foto de tu silueta distante, de tu alegría inocente, de tus abriles danzantes.

Y no se porque te espero, si tu, la de antes, ya no vienes por aquí.

Sin embargo hay días como este. Como tantos.

Donde me siento a pensarte. A extrañarte.

Porque te echo de menos, a ti, la de antes.

Y no me averguenza, no siento culpa.

Solo que ahora, el otoño duele bastante.

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Corazón de papel.

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Aquí está

mi corazón de papel

esperando en la esquina

la respuesta a sus porques

mi corazón de papel

donde han escrito recetas

amuletos y mi ayer

Desprendido de libros

diccionarios

estrujado

de tantos escenarios

reiventando

en ocultos calendarios

con borrones de espanto

tinta corrida de llanto

Corazón de papel

Con su café

se hecho barquito 

y como diez avioncitos

notas sin prisa del destino

letras que caen al vacío

de un adiós

En un mundo al revés

mi corazón de papel

No se sacude la arena ni la sal

con su aroma de otoño

que no encuentra su lugar

Y ahí lo ves

esperando en la estación

un poquito mas viejo

con un leve temblor

y su canción

todavía de pie

Mi corazón de papel