Hijos del dolor.

Somos hijos del dolor.

De un atardecer sangrante y de un grito desgarrador.

Hijos del desamparo y la soledad.

Y nos hemos olvidado. Nos hemos olvidado tanto que ya los pobres y adoloridos del cuerpo y del alma no tienen espacio entre nosotros.

Hemos construido Torres de Babel a las que llamamos templos y solo pensamos en lo grandes y fuertes que somos.

Nos hemos olvidado del dolor. De aquel que llora. Del que con pena sin nombre pasa frío en esquinas invisibles.

Somos hijos del espanto.

De la negación.

De un gallo que tres veces cantó.

Del vinagre.

Del abandono.

Y de alguna manera nos hemos inventado un cuento que vendemos cual mercaderes en busca de dinero. Nos hemos creado una fantasía en la cual no cabe la realidad. Estamos más aferrados a esta tierra que una raíz milenaria.

La Esperanza nació del dolor. Del mas negro y punzante dolor. La Vida con dolor nos trajo Vida.

Dejemos los atajos inútiles y démosle paso al Consuelo para que habite entre nosotros.

Somos hijos de aquel día.

Somos hijos del dolor.

Manos de alfarero.

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Junto a ti, encontré el lugar delicado que antes no vi.

No tengo prisa, porque ahora el tiempo no me afana.

Si lo que vale es conocerte…qué más da…soy como una niña…

Y ahora que estoy aquí, solo me importan tus palabras.

Oh, tus manos de alfarero!..

Para ti nada es mucho, ni poco, para ti solo hay sed que saciar y dolor que consolar.

Y hasta he descubierto que de vez en cuando, te pones a cantar…

 

Señor de mi vida.

 

 
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Todos estos dias

todos estos llantos,

las mil y una noches

de vasos quebrados,

Señor de mi vida…

tu no me has dejado.

Estos doce meses

que han sido como años,

todos los silencios

todos los rechazos,

Señor de mi vida….

como me has amado.

Cerca de la muerte

cerca de lo bajo,

gritandote a veces

otras renegando,

con tanta paciencia

tu me has abrazado,

Señor de mi vida…

como me has salvado.

Ahora mis ojos

te miran tan claro,

muda de esperanza

con fuerza en mis manos,

sujeta de tu gracia

que nunca ha faltado,

Señor de mi vida…

cuanto que me has dado.

Y como el milenio

acumula peldaños,

así se me sobran

razones y cantos,

y ahora que vivo

gracias a tu mano,

ahora sin miedo

con fe te declaro,

Señor de mi vida….

dueño de mis años.