Hijos del dolor.

Somos hijos del dolor.

De un atardecer sangrante y de un grito desgarrador.

Hijos del desamparo y la soledad.

Y nos hemos olvidado. Nos hemos olvidado tanto que ya los pobres y adoloridos del cuerpo y del alma no tienen espacio entre nosotros.

Hemos construido Torres de Babel a las que llamamos templos y solo pensamos en lo grandes y fuertes que somos.

Nos hemos olvidado del dolor. De aquel que llora. Del que con pena sin nombre pasa frío en esquinas invisibles.

Somos hijos del espanto.

De la negación.

De un gallo que tres veces cantó.

Del vinagre.

Del abandono.

Y de alguna manera nos hemos inventado un cuento que vendemos cual mercaderes en busca de dinero. Nos hemos creado una fantasía en la cual no cabe la realidad. Estamos más aferrados a esta tierra que una raíz milenaria.

La Esperanza nació del dolor. Del mas negro y punzante dolor. La Vida con dolor nos trajo Vida.

Dejemos los atajos inútiles y démosle paso al Consuelo para que habite entre nosotros.

Somos hijos de aquel día.

Somos hijos del dolor.

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Suficiente.

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…pero él me ha dicho: «Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.»…2 Corintios 12:9.

las orillas rocosas son amplias

mis mares son bravos

son bravos los vientos

remando y remando

esquivando el abismo

susurras sereno en la niebla

es suficiente

más que suficiente

no soy yo valiente

solo te he mirado

y a cambio me has dado

reposo y remanso

un puesto a tu lado

un canto sin llanto

tu amor

es suficiente

más que suficiente

mis ojos se limpian

las horas que llueven

a veces ni puedo

pero tu estás siempre

la miel de tu abrazo

el calor de tu pecho

la gracia

tu gracia

más que suficiente

 

Noviembre.

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Miro siempre al sol que se va
Porque no sé qué algo mío se lleva.

Poema XXVII. Dulce María Loynaz.

 

De todos los meses, Noviembre ocupa en mi alma un sagrado espacio.

Llega con calma con su friecito y eso dias largos que a veces asustan.

Dulce presagio de la Navidad, las fiestas, las luces, el cielo gris.

Quizá soy un alma otoñal, quizá soy solo un poema confuso ante el calendario.

Pero es asi. Noviembre siempre me encuentra.

Saber que el año casi termina, que hasta aquí hemos llegado.

Y luego las hojas secas, el cansancio de una estación que lucha por no confundirse con el invierno.

Ver a Dios en los colores esparcidos en el suelo.

Ver a Dios y abrazarlo en el silencio, en el minuto ese donde tus ojos navegan en su regazo.

Y en un atardecer nublado tomas tu café, con esa certeza de que al final siempre volverán los dias verdes de Abril.

Quizá soy un alma otoñal…o puede ser que simplemente voy contando las hojas en espera de la eternidad.