Azul (tratando de encontrar palabras).

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Tan alto

En el azul inmenso 

Metida dentro de las nubes 

Y rodeada de nostalgias y sueños atrapados en el tiempo de la espera

Llegadas

Partidas

Siempre abrazos 

Siempre lágrimas 

Tanto amor llendo y viniendo

Que las maletas van dejando  un aroma de sentimientos confusos 

Si pudiera decir 

Si tan solo pudiera esbozar los miles de latidos y palabras que viven sepultadas en el silencio de las separaciones

Aqui arriba de repente no sé para donde voy

Llego

Me voy

Regreso

Y estas alturas blancas

Qué por momentos susurran mi nombre

No lloro

Pero el corazón se me estruja tan fuerte por raticos

Y yo sigo tratando de encontrar palabras

Colores.

“Usually we walk around constantly believing ourselves. “I’m okay” we say. “I’m alright”. But sometimes the truth arrives on you and you can’t get it off. That’s when you realize that sometimes it isn’t even an answer–it’s a question. Even now, I wonder how much of my life is convinced.” — Markus Zusak (The Book Thief).

Dime de que color es la esperanza, dime abuelita. Tu y yo bien sabemos que no es verde. Porque hemos vivido en el campo, hemos corrido y retozado sobre la hierba miles de veces, y no, ese no es el color de la esperanza.

Ahora tengo rojo. No como la sangre. Rojo doloroso para que mi mente deje de estar dormida. Las flechas rojas se disparan de un lado a otro tratando de que mis pensamientos dejen de ahogarse en las lágrimas. Tratando de penetrar los rincones más obscuros y rescatar cualquier libro o baúl lleno de telarañas. Tengo rojo. Y no es esperanza.

Abuelita, dime de que color es la esperanza. Y no me respondas: “ay mi niña…¿como saber?”….Porque tu lo sabes todo. Sabes el pasado y las mil y una noches de insomnios y estrellas apagadas.

Tengo también azul. Pero no como el cielo. Azul para calmar todo el torrencial de sustos que corren por mis venas. Para que el corazón se esté quieto, porque bailar tan rápido no le hace bien. Azul tengo y no es para pintar el techo. Es para desacelerar el tren desbocado que se descarrila por mi pecho. Tengo azul. Y no es esperanza.

Dime abuelita, el color de la esperanza. Dime porque en tus manos se esconden todas las cosas que se han ido de mi. En tu cabello canoso deben reposar aquellas mariposas de antaño que deje ir.

Y tengo amarillo. Amarillo y no es como el sol. Es para poder caminar sobre esta cuerda floja sin caerme. Para recoger los terrores nocturnos y amarrarlos y ponerlos tras las rejas. Para recobrar el aliento, porque se me escurre tanto, y me deja así con la garganta seca y llena de escalofríos. Amarillo que en dosis controladas me deja escribir, pensar, y recordarte sin querer salir volando desesperada. Tengo amarillo. Y no es esperanza.

Vieja. Abuelita. Dime que la esperanza tiene color. ¿Quizá el color de tus ojos?. Dime un color para poder ponerlo en mis fotos, para poder incrustarlo en mi piel. No se si es del color de la nostalgia, o del color del café. Tu debes de saber. Abuelita, a lo mejor la esperanza es del color de tu nombre y de tu voz. No me digas que no tiene color. Porque esta madrugada me duelen los ojos de tanto gris.

Dime abuelita, mientras te meces en tu sillón esperando la tarde. Mientras confundes los nombres y las tristezas entre tus divagaciones. Dime de que color es la esperanza.