Azul (tratando de encontrar palabras).

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Tan alto

En el azul inmenso 

Metida dentro de las nubes 

Y rodeada de nostalgias y sueños atrapados en el tiempo de la espera

Llegadas

Partidas

Siempre abrazos 

Siempre lágrimas 

Tanto amor llendo y viniendo

Que las maletas van dejando  un aroma de sentimientos confusos 

Si pudiera decir 

Si tan solo pudiera esbozar los miles de latidos y palabras que viven sepultadas en el silencio de las separaciones

Aqui arriba de repente no sé para donde voy

Llego

Me voy

Regreso

Y estas alturas blancas

Qué por momentos susurran mi nombre

No lloro

Pero el corazón se me estruja tan fuerte por raticos

Y yo sigo tratando de encontrar palabras

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Para decir adiós.

 

“…y se junta la desgracia con la suerte,

la vida con la muerte en esta eterna búsqueda de paz….

este clamor por libertad…

y resulta que tu nos conoces paso a paso…

cada milimetro de miedo…

cada gramo de fracaso…”

Marcos Vidal.

Para decir adiós, no hace falta mucho protocolo. Simplemente un corazón transparente y unas manos temblorosas pero decididas.

Hoy que el calendario pone fin a este libro, no voy a hacer falsas promesas, no voy a inspirarme a las doce para ser una mejor persona.

No voy a ser hipocrita.

Tengo que decir que este camino ha sido duro, estos doce meses vinieron llenos de abismos y dolores. Ya no soy la misma.

Ya no seré la misma nunca más.

Y a veces hay que decir adiós, porque todo tiene un final.

Todo es un ciclo, entre oraciones y esperanzas que mueren y nacen vez tras vez.

Para decir adiós estoy sola, mirando la noche y escuchando  mis latidos espantados.

Me tomo mi medicina, aseguro mi café.

Ahora quedo a merced de lo que venga, esta lucha ha de acabar y cambiar.

Ya no soy la misma.

Quedo a merced de la noche como el principito en el desierto, extrañando su planeta, sus atardeceres, su flor.

No tengo más que dar. Dios ahora me tienes cual hoja seca y olvidada.

Dios, ya no soy la misma.

Para decir adiós, lo hago con calma. No se lo que venga, no espero ilusiones ni magias ni nada.

Solo la calma. Y mi alma que poco a poco se acurruca en su rincón.

Adiós porque no sabemos…no somos dueños de nada.

Abrazo la bruma que se vislumbra en el puente.

No somos dueños de nada.

Esperaré y oraré mientras lloro. Ya no soy la misma.

Dios…Dios de mi alma cansada…

Para decir adiós y esperar la mañana, sola me basto.

Llegará la mañana y el adiós quedará flotando en el aire.

Ya no soy la misma.

El sol saldrá y me sorprenderá dormida.

El amor y el adiós han marcado mi vida.

No sabemos nada…no somos dueños de nada.

Dios nos mira…y llegará la mañana.