Pan de mantequilla.

Voy contando los días de Marzo, las noches sin luna y las tardes eternas de café y libros.

Recuerdo con una sonrisa cuando de la mano de abuelita íbamos por pan de mantequilla a las cuatro de la tarde.

Ella, con sus manos oliendo a cebolla y jabón. Yo, con mis trenzas despeinadas y mis zapatos gastados, me sentía la más rica del barrio cuando andaba con ella.

No era tan largo el camino hasta la bodega, pero cada metro era un vecino que saludar, un hueco que esquivar en la calle desgastada y polvorienta.

Y ahí estaba la bodega, presumiendo en el sucio portal el viejo limpiabotas que se espantaba constantemente las moscas habituales. El olor de siempre, olor a bodega cubana, a carencias, a poquita cosa, a sudor mezclado con sacos de arroz y frijoles.

Pero por aquellos años, a las cuatro se daba la magia del pan de mantequilla. Con aroma delicioso, solo los más diligentes y puntuales lograban llevarse esa maravilla a casa.

Y abuelita sonreía triunfante cuando el bodeguero le daba la bolsa de papel con la barra de pan, mientras ella contaba los centavos y los ponía suavemente sobre el mostrador.

Que felicidad, que placer pequeño y simple el de aquellos instantes.

Ya luego compartíamos el pan entre todos, acompañado de un vaso de agua fría y de risas esperanzadas. Por un rato la vida era suave y caliente, con ese olor a mantequilla y paz. Todo lo malo se desvanecía. Y yo pensaba que podían venir muchas cosas buenas, que quizá pronto podríamos tener zapatos nuevos y una muñeca rubia que se pudiera sentar.

Como ha pasado la vida. Marzos llenos de páginas en blanco y letras extraviadas que aparecen con la noche. Y siempre la misma canción melancólica ronda las horas de silencio.

Y aprendo a vivir las cosas como son. Trato, caigo y vuelvo a intentarlo. Y las lágrimas a veces muchas, a veces pocas, son azules como el mar que tanto extraño.

El recuerdo vuelve a mi y me abraza con la esperanza aquella del pan de mantequilla.

Sé que volverán las palomas que se fueron, y nacerán entre romerillos y aguaceros las canciones que olvidé, para volver a cantarlas junto a mi ventana.

One thought on “Pan de mantequilla.

  1. Quisiera decirte: ¡convídame un poco! para poder compartir con más fuerzas tus recuerdos acompañados con lágrimas en ese rico vaso con agua.
    Mi amor para ti!!!!!

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